Crónicas del viaje: Frankfurt

Con Ryanair se llega al aeropuerto de Hahn, que está lejos de todos lados. El amigo este nos dijo que se iba de erasmus a Frankfurt. Bueno, Frankfurt, lo que se dice Frankfurt, no es.

Para llegar hasta donde él vive tuvimos que hacer lo siguiente:

1) Salir del aeropuerto de Hahn y empezar a caminar hacia la derecha un buen tramo hasta que se llegan a unas dársenas. Allí se coge el autobus que te lleva a Mainz (11 € y 55 min de trayecto)

2) Una vez en Mainz, en la estación central de ferrocarril se tiene que coger un billete a Oestrich-Winkel. Para ello, hay que coger primeramente un tren que te lleve a Wiesbaden. Un alemán de allí nos indicó que teníamos que ir al andén 3, pero nos señaló el camino, sin duda alguna, más largo. Consecuencia -> perdimos el tren y tuvimos que volver al andén 1 donde el siguiente tren a Wiesbaden pasaba.

3) Ya en la estación de Wiesbaden, se coge otro tren (éste ya parece un tren de largo recorrido) y bajarse en la estación de Oestrich-Winkel. Da pena lo mal iluminadas que estaban las estaciones y lo difícil que era leer los cartelitos sobre qué parada estábamos (era de noche).

4) Una vez en el pueblo y ya con nuestro amigo, fuimos a su casa que está como a unos 15 minutos andando de la estación. Lo peor era lo estrechas que son las aceras

Ya una vez en su piso, dejamos maletas y demás y conocimos a sus compañeros, muy buena gente todos ellos. ¿Y qué hacemos ahora? A beber y luego fuimos a un local del pueblo que, por ser miércoles, las pintas de cerveza estaban a mitad de precio: 1.55€

A la mañana siguiente (jueves) fuimos de excursión por el pueblo y nos fuimos por el monte. Winkel es un pueblo que está limitado, a grandes rasgos, por un lado por el Rin (que es un señor río) y por el otro (en menor medida) las vías del tren, aunque pasándolas hay todavía más pueblo. La zona está llena de viñedos ya que el Rin y el clima de la zona es bueno para la uva. Caminamos bastante entre viñedos (hacía buen día, soleado y templado) hasta que llegamos al bosque, en el que los caminos estaban helados. Después de estar un rato con el hielo rompiéndolo y jugando con él, comimos y acto seguido volvimos al pueblo. Por la noche, volvimos al mismo local  (que es el único que está abierto hasta altas horas) siendo el jueves la noche de los dardos, siendo gratis echar partidas.

Al día siguiente (viernes) fuimos a visitar Frankfurt. Una pasta salió el billete (cerca del doble que el primero que cogimos, que era Mainz – Winkel) y he de decir que es fundamental: en todos los viajes de ida tuvimos revisor. En Frankfurt destacan sus rascacielos:

Rascacielos de Frankfurt

Los rascacielos son de bancos y demás entidades financiares: Deutsche Bank y similares ya que Frankfurt se basa principalmente en ello. Esto no significa que sea lo único, ya que en el tren vimos la fábrica de Opel, que es bastante grande. Después de salir de la estación y caminar por una calle que parecía bastante principal, llegamos al banco europeo, donde nos hicimos unas cuantas fotos con el logo del Euro guay

The Euro!

Después seguimos caminando hasta llegar a la plaza central donde se encuentra el ayuntamiento. Toda la plaza ha sido totalmente reconstruida, ya que debido a la 2ª guerra mundial no quedó nada en pie y la reconstruyeron manteniendo su aspecto pasado:

Ayuntamiento de Frankfurt

Después de las fotos correspondientes y ver un futuro objetivo (la catedral que estaba en obras), nos dirigimos hacia el Rin y allí había un puente en el que nos tiramos un largo rato haciéndonos fotos, ya que las vistas eran muy buenas:

Iglesia protestante en Frankfurt

Rascacielos desde el puente

Llegamos a la iglesia de la primera foto y luego nos volvimos ya que esa zona tenía poco que ver. Ya entonces fuimos a la catedral, donde una monja que hablaba castellano se puso en plan “que majos sois” y nos dió folletos de la historia de la catedral. Bastante simpática la monja. Dato histórico de la catedral: allí fue nombrado Carlos I de España y V de Alemania.

Después caminamos por una calle peatonal bastante ancha y la verdad, me recordó bastante a Madrid. Comimos una currywurst (una salchicha con salsa de curry) en un sitio que había en la estación de metro (plan atocha o principe pío) de esa calle, servida por una mujer que ante todo disfrutaba de su trabajo. Después de comer y ser sableados salvajemente al comprar agua sin gas, iniciamos las dos últimas paradas de la visita a Frankfurt: la bolsa alemana y la ópera. Pero antes, al caminar por la “calle mayor” en la que estábamos nos encontramos con un centro comercial que tenía la cristalera como abollada:

Cristalera guay

Entonces cuando llegas a la altura te das cuenta que la cristalera no hace el efecto de abollado, sino que es más guay aún:

Cristalera aún más guay

Y ya por último, nos encontramos con esta casita en mitad de todo el barullo, que no sabemos qué debe ser:

Dulce casita en mitad del caos

En la bolsa poco que contar: estaban bajando todos los índices. Nos hicimos varias fotos (una de ella gracias a un generoso alemán ligeramente alcoholizado) y nos dirigimos a la ópera, que mola un huevo en plan edificio clásico (la de Goteborg no le llega ni a la suela de los zapatos).

Ópera de Frankfurt

Visto esto, nos fuimos por un parque cercano y el amigo que estudia en Frankfurt nos llevó por la calle de puticlubs y demás lugares de vicio hasta que llegamos a la estación de tren.

Después, nos fuimos a Wiesbaden a verla, pero ya era de noche. Destacar de Wiesbaden su casino que era el antiguo palacio real, el cual entramos al hall y se notaba el alto standing: vaya gorilas de seguridad.

Paseando vimos el ayuntamiento y la catedral y finalmente comimos en un italiano que está de puta prostituta madre, hacen pizza o pasta y ves como el cocinero te hace la salsa in situ. Muy bien el local, estaba muy buena la pasta, bien de cantidad y precio razonable. Después de esto, nos fuimos a un irlandés a beber. Allí estaba una camarera típicamente alemana: rubia, ojos azules y de muy generosos pechos; además había estado en España y hablaba algo de castellano.

Nos fuimos relativamente pronto para poder coger el último tren que te lleva al pueblo y fuimos nuevamente al local del pueblo, donde se quedaron sin cerveza y les sirvieron a mis amigos Mixery: la mezcla entre cerveza, coca-cola y X. Sabía a coca-cola con un cierto sabor amargo… una puta mierda prostituta hez fecal como un piano.

Al día siguiente (sábado) tardamos en levantarnos. Comimos y empezamos ya a beber cerveza ya que el plan era ir al carnaval de Mainz. Obviamente, yo no me disfracé. Perdimos el tren de las 16:15 y tuvimos que coger el autobús (el siguiente tren pasaba dos horas después). En el autobús se montó una barbaridad de gente disfrazada cantando canciones en plan borracho (y eso que eran las 17:15h) a la que los españoles hicimos competencia. Unos insensatos que eramos, nos superaban en gran número. La gente se fue bajando (una pava nada más bajar potó – 17:30 aprox). Destacar además una pava ¿medio gótica? que llevaba una rata en el hombro. Al parecer, se ha puesto de moda en Francia.

Una vez llegados a Wiesbaden, fuimos al baño (que costó 50 céntimos) y yo fui a comprar más cerveza, encontrando la yonki-lata definitiva:

Yonki-lata definitiva

Esta yonki-lata es de 1 LITRO de cerveza que tiene 5º, ya os podéis hacer una idea del tamaño (y además está mi mano al lado) de la lata. El descubrimiento hizo furor pero como había que coger el tren inmediatamente, la gente no compró hasta que llegamos a Mainz. Yo me compré otra lata y mis amigos 2 (o sea, 2 litros). Además, estaba una botella de Jack Daniels para tomarla como chupitos.

Al salir de la estación de Mainz e ir a la “calle mayor” de allí, vimos un panorama un poco desierto, pero debido al grado de alcoholismo de algunos de nosotros, empezamos con un recital de canciones populares típicamente españolas (sarandonga, con la botella de ron, etc). Eramos españoles, nos teníamos que hacer notar. Después de vagar, nos montamos en los coches de choque e inmediatamente buscamos un lugar para mear. Los meaderos móviles eran de pago (está la persona que se encarga de limpiarlos en la puerta), el McDonald’s también… tuvimos que recurrir a la vuelta de una esquina o incluso en la parte trasera del tráiler de los coches de choque. Después cenamos (un perrito) un par de chupitazos al Jack Daniels (la cerveza ya había volado) y para dentro de una carpa.

En la carpa, ponían música casi única y exclusivamente típica alemana. No conocí ninguna excepto “The Devil went down to Georgia” y otra muy famosa. Allí para mear también había que pagar pero te hacías el lonchas hablando con un amigo y la mujer no te paraba. Y aquí el dato guay de la noche: un amigo que se había cocido bastante (1 botella entera de vino + cervezas durante toda la tarde) se llevó las manos a la cabeza totalmente desesperado. Su gesto fue motivado por el hecho de que él pensaba que debía ser la 1:00h pero la hora real era otra: las 21:30h.

Nos fuimos de la carpa para coger el último tren, pero al final no lo cogimos (los compañeros del amigo de Frankfurt sí que lo cogieron) y nosotros optamos por el autobús, ya que dudábamos de irnos a un sitio de marcha en plan guay o volvernos. El autobús nos dejó tirados a sobre las 0:30h en un lugar remoto donde no pasaban más autobuses hasta las 2:00h. Estábamos al lado de la estación de tren, pero tampoco había trenes. Milagrosamente, apareció un taxi (creemos que el operario de la estación llamó él pidiendo un taxi para nosotros) de los grandes (entramos los 9 que estábamos ahí tirados) y ya nos llevó a casa.

Al día siguiente, comimos en un local al lado de la casa del amigo (donde ya habíamos cenado) y nos fuimos al aeropuerto de Frankfurt Internacional. Se nos retrasó el vuelo como media hora – tres cuartos y ya volvimos a Madrid. Yo llegué a mi casa cerca de la 1:00 con unas ganas tremendas (todos las teníamos) de dormir en nuestras respectivas camas.

Fin del viaje.

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3 Responses to Crónicas del viaje: Frankfurt

  1. Babuin says:

    si si, muy bonito todo, y aparte de copiarme, donde esta la jamelga de esta semanaaaaaa!!!!

  2. Ibán says:

    No es el Rin, es el Meno. ¿Para qué escribes?

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